Manual de urbanidad para jovencitas (9)
Tras tanto abandono, volvemos al delicioso Manual de urbanidad para jovencitas:
EN EL TEATRO
I
No ponga la mano sobre el pantalón de su vecino para ver si el ballet lo pone cachondo.
II
Si ve que una bailarina tiene el cabello rubio y las axilas negras, no pregunte el motivo a gritos.
III
Tampoco diga en voz alta: “¡Esa morenaza es la que se acuesta con papá!” Especialmente si su señora madre la acompaña.
IV
Aunque tenga referencias fehacientes sobre los talentos de la compañía, no diga de forma que lo oiga todo el palco: “Ésa chupa como una chimenea; deja seco a quien quiere. Aquella otra funciona por el culo.”
V
Si escucha durante la representación algunas bromas picantes, alusiones, indirectas, no se las explique a los adultos, aunque parezcan no haberlas entendido.
VI
No pegunte tampoco por qué el bello tenor no se tira a la soprano, que canta todo el tiempo como si se estuviera corriendo. Eso no suele hacerse en el escenario.
VII
Si el papel de amante lo representa una mujer disfrazada no grite a través de la sala: “¡Sucia tortillera! ¡Lávate la lengua! ¿Dónde está tu consolador?” Y otras frases impertinentes que el público no escucharía sin protestar.
EN EL MUSEO
I
No se suba a las estatuas antiguas para usar las pollas. No se deben tocar los objetos expuestos ni con la mano ni con el coño.
II
No dibuje rizos negros en los pubis de las Venus desnudas. Si el artista representa a la diosa sin pelos es porque Venus se los afeitaba.
III
No pregunte al vigilante de la sala por qué el Hermafrodita tiene cojones y tetas. Eso se sale de sus competencias.
EN LA PLAYA
I
Si pasa al lado de un caballero que se está bañando, no le coja los huevos, por muchas facilidades que dé su indumentaria a los tocamientos.
II
No se masturbe mientras se hace la muerta; se notaría.
III
En el agua, no pida a los presentes permiso para hacer pipí. Hágalo sin autorización.
IV
En la medida de lo posible, no se encierre en su vestidor con un hombre. Entre con una jovencita: le lamerá tan bien, si no mejor, y no la comprometerá.
V
Si escribe obscenidades en los tabiques de la cabina, no las firme con el nombre de la señora que la precedió.
VI
Cuando por las rendijas de la madera vea en el vestuario de al lado a una señora que, creyéndose sola, se masturba; no golpee el tabique preguntándole “si ya viene”. En lugar de animarla, la turbaría.
VII
Si un caballero le pregunta por qué no se baña, no le responda: “Tengo la regla.”
EN EL HOTEL, DE VIAJE
I
No llame al camarero a las once de la noche para pedirle un plátano. A esa hora, solicite una vela.
II
No pregunte a la gobernanta si la sirvienta sabe hacer mamadas. Interrogue a la interesada.
III
No llame a los transeúntes por la ventana, aunque tenga muchas ganas de joder y nadie para satisfacerla.
IV
Puede mirar por el ojo de la cerradura para saber por qué su mamá se encierra todo el día con un joven que no conoce, pero nunca grite: “¡Ánimo, mami! ¡Ya viene, ya viene!” En lugar de excitarla, le procuraría una lamentable turbación en sus tareas.
V
Si por el mismo método, ve que un turista se divierte con una criada del hotel, es inútil que grite en las escaleras para advertir a la gobernanta. Eso no es asunto suyo.
EN EL CAMPO
I
No haga anunciar al pregonero que perdió su virginidad. El hombre que la encontró no se la devolverá.
II
Si se encuentra en un lugar desierto con un vagabundo que la acosa, déjese follar. Es el medio más seguro para no ser violada.
III
No haga que siete u ocho campesinos se corran en un vaso para beber leche con azúcar. Esto le daría una pésima reputación en la comarca.
IV
Delante del jardinero que riega la tierra para que crezca el césped, no se moje el pubis para que le crezcan los pelos. Se reiría de su ingenuidad.
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