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Sade: furiosamente tierno

El próximo dos de noviembre la editorial Fayard publicará una colección de cartas inéditas del Divino Marqués, y le Figaro le ha dedicado una reseña, publica una de ellas y entrevista a Maurice Lever, editor del volumen.

La carta fue escrita -con "una prosa enfebrecida, anhelante, en la que constantemente la ternura bordea el furor"- al día siguiente de la primera visita de su esposa tras cuatro años y cinco meses sin verla y dice así:

Si amara en ti, querida amiga, sólo lo que los hombres aman ordinariamente en sus esposas, se atribuiría posiblemente todo lo que he sentido tanto, todo lo que quiero expresarte, a un movimiento poco delicado de los sentidos inflamados por la presencia de un objeto acostumbrado a conmoverlos y desde hace mucho perdido de vista. ¡Qué tristeza si te creyeras así amada por mí! ¡Ah ! Te amo más que tú misma, y lo que en ti adoro no pasa con los años. ¡Ah ! ¿por qué, pues, quieren alterar las cualidades tan raras que son objeto eterno de mi culto? ¿Quién puede creer que por los ejemplos de los vicios podría reflorecer la virtud? ¡Oh! ¡Muéstrame otra vez esas virtudes que provocaban mi felicidad! No me importará perder todo lo demás cuado lo exijan las leyes de la naturaleza. Pero lo que ella no puede marchitar, que no me sea quitado por mis pecados.

(...) Ven a verme, ven a verme con frecuencia, pues es desgraciadamente cierto que tengo aún mucho tiempo para sufrir. Ven, sufro mil veces menos cuando te veo, como si el odio y la venganza no pudieran vivir en un corazón que te adora. Esas serpientes desparecen mí cuando cuando alimentas por un instante esos sentimientos delicados, de los cuales todo está lleno gracias a ti. ¿Lo creerías? Ayer, después de verte, detestaba menos a la Presidenta. Me decía: es un monstruo, la aborrezco, pero es su madre y yo no odiaré jamás a su madre. Ha ocurrido igual con todos los demás pensamientos sombríos, con todas las ideas viciosas que trastornaban mi imaginación. ¡Éste es el poder de tu virtud! ¡Es necesario que ella lo purifique todo! ¡Es necesario que ella lo atraiga todo hacia sí!

Adiós. No sé que más pueda necesitar para principios del mes que viene. Todas mis cosas están, desde hace dos días, tan desordenadas como mi corazón; y de todos mis deseos, sólo uno me acucia: el de verte y amarte. Sólo éste me satisfaría, y ofrezco a Dios pagar cada instante con años de vida, si lo hiciera. Escribiré mi lista en otra ocasión; no puedo más; no existo más que en mi corazón, porque es donde te encuentro...

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