Hace unos meses, el periódico Libération dedicaba una semblanza a María Teresa Fernández de la Vega (comentada por mí aquí y aquí). Hoy le toca a Pedro Zerolo.
No sé si el autor de ambas es el mismo, pero el tono es idéntico.
Así describe al "gayrrillero" (así lo denomina) François Musseau: cara de ángel, falso aire de Jim Morrison, sensualidad eléctrica que remite a las islas Canarias; abanderado de los gays españoles, su emblema más mediático, más glamuroso y, también, el más fogoso; muchacho bello y carismático que se expresa con claridad y elocuencia; luchador nato que no renuncia jamás; icono de una sociedad española tolerante, gurú gay nacional de discurso mesiánico, reivindicativo, revolucionario y transgresor.
Entre tanto incienso, se van intercalando declaraciones -directas o indirectas- del protagonista:
"Bajo el régimen franquista, [los homosexuales] eran considerados delincuentes, enfermos, virus de la sociedad, acólitos del diablo. Y hoy hemos conseguido la igualdad jurídica. Qué faro para todo el mundo latino."
"Soy una reivindicación ambulante."
El gay debe librar un combate contestatario y, a la fuerza, de izquierda (aquí se le ve a Zerolo, más que la pluma, el plumero). Un combate, también, contra la Iglesia o, mejor, la jerarquía católica.
Tiene debilidad por Jesús de Nazaret, azote de los ricos y de los hipócritas, y por los cristianos de base comprometidos.
Se declara, de nuevo, enemigo de la jerarquía eclesiástica y le reprocha que sea reaccionaria y homófoba, que haya pedido a los cargos electos católicos que no celebren uniones homosexuales y que algunos de sus representantes acudieran a la manifestación a favor de la familia y ninguno a la que se convocó contra la exclusión social (que yo recuerde, sólo ha habido en estas fechas otras dos aglomeraciones populares: el carnaval de Carlinhos Brown y el Día del orgullo gay. ¿A cuál de ambas se refiere?)
Finalmente, François Musseau afirma que Zerolo será de los primeros gays en casarse y que desea adoptar un niño. "Éste será un acto militante, un deber de ejemplaridad". Si él cree que son motivos para ser padre, es su opinión; pero no me parecen los mejores.